Con la mente en movimiento

La valoración de la sabiduría que da transitar el camino que recorrieron y de la manera en que lo hicieron, hace ver a esta pareja de excelentes  profesionales, una luz de enseñanza para los jóvenes de hoy.

Su compromiso con la institución, la participación activa a cuanta actividad se desarrolle o curso que se dicte, nos hace reflexionar sobre el compromiso que cada uno tiene.

Se conocieron estudiando y en aquel entonces, como en estos días, sus amigos no conciben a uno sin el otro, ya llevan 46 años de profesión y 45 como matrimonio (1968/1969).

Sus comienzos no fueron fáciles y en la docencia encontraron el puntapié inicial a la profesión que hoy abrazan con fuerza y dedicación. Elda Graglia (Pety para sus amigos) es el alma madre del estudio, la que trabaja incansablemente, así como lo hace en el hogar. Federico Macaroff (Coco para sus allegados) es el estudioso, el que siempre está leyendo y perfeccionándose, el que no deja un curso sin realizar, ya sea en la Sede Central o en la propia Delegación.

Sin embargo, como muestra de su gran talento, Coco no es lo único que realiza. En su escape de la realidad y ante la necesidad de sacarse ese estrés laboral que tanto nos ataca en nuestra profesión, es que comenzó con el arte de la pintura.

Fue así que en Piriapolis (Uruguay – 1992) descansando en el famoso Hotel Argentino, a Coco, le llamó la atención una series de cuadros colgado, en una de sus paredes. Acercándose a las pinturas que cautivaron su atención, observó que los cuadros eran hechos por Odontólogos, Abogados, Doctores y demás profesionales, así como lo era él, y que todos estaban en algún año del taller de pintura.

En ese momento se dijo así mismo que seguramente ellos estaban igual de estresado y que eso los ayudaba para despejar un poco la mente y desenchufarse de la realidad.

No fue fácil empezar, todo cuesta. Pero con la convicción de que algo en él se despertó, fue perfeccionando sus pinturas. Nunca tuvo indicaciones de ningún profesor sino más bien fue comprando libros y autodidácticamente fue aprendiendo, sin embargo las principales críticas las recibe de Elda.

Jamás le interesó exponer o vender sus cuadros. Coco realiza esta actividad con cierta reserva y sus decenas de cuadros se encuentran esparcidos, empotrados en las paredes de sus familiares y amigos, y a los mejores los colocó en pequeños almanaques, que les regala a sus clientes años tras año.

Elige sus musas inspiradoras después de recorrer los lugares. Observa y admira el paisaje como un artista solamente lo puede ver, capta la imagen en su pequeña máquina fotográfica, y los aromas,  sonidos y demás sentidos, en su mente joven. Se sienta en su casa plácidamente, ante la mirada atenta de Elda, y desliza el pincel a medida que el corazón y su mente le van dictando a su mano.

No es un hombre más en las materias de las Ciencias Económicas, es un padre de familia y abuelo, maestro para varias generaciones, profesional y amigo por sobre todas las cosas. Es un hombre de mente en movimiento, que se moderniza día a día con los cambios tecnológicos y coyunturales que atañen a la profesión.

Coco es un autodidacta, que supo interpretar bien el paso de los años, la experiencia que ellos brindan, y la sabiduría que con responsabilidad trasmite entre sus colegas y quien nos hace preguntar sobre el destino que cada uno le quiere dar a su vida y el camino que debemos elegir.